El reducir algo desconocido a algo conocido alivia, tranquiliza, satisface, proporciona, además, un sentimiento de poder. Con lo desconocido vienen dados el peligro, la inquietud, la preocupación, - el primer instinto acude a eliminar esos estados penosos.
Primer axioma: una aclaración cualquiera es mejor que ninguna. Como en el fondo se trata tan sólo de un querer "desembarazarse" de representaciones opresivas, no se es precisamente riguroso con los medios de conseguirlo: la primera representación con la que se aclara que lo desconocido es conocido hace tanto bien que se la tiene por "verdadera". Prueba del placer (de la fuerza) como criterio de verdad. Así, pues, el instinto causal está condicionado y es excitado por el sentimiento de miedo. El ¿por qué? debe dar, si es posible, no tanto la causa por ella misma cuanto, más bien, una especie de causa - una causa tranquilizante, liberadora, aliviadora - . El que quede establecido como causa algo ya conocido, vivido, inscrito en el recuerdo, es la primera consecuencia de esa necesidad. Lo nuevo, lo no vivido, lo extraño queda excluido como causa.
Se busca, por tanto, como causa, no sólo una especie de aclaraciones, sino una especie escogida y privilegiada de aclaraciones, aquéllas con las que de manera más rápida, más frecuente, queda eliminado el sentimiento de lo extraño, nuevo, no vivido - las aclaraciones más habituales - Consecuencia: una especie de posición de causas prepondera cada vez más, se concentra en un sistema y sobresale por fin como dominante, es decir, sencillamente excluyente de otras causas y aclaraciones.
El banquero piensa en seguida en el negocio, el cristiano, en el pecado, la muchacha, en su amor.
Primer axioma: una aclaración cualquiera es mejor que ninguna. Como en el fondo se trata tan sólo de un querer "desembarazarse" de representaciones opresivas, no se es precisamente riguroso con los medios de conseguirlo: la primera representación con la que se aclara que lo desconocido es conocido hace tanto bien que se la tiene por "verdadera". Prueba del placer (de la fuerza) como criterio de verdad. Así, pues, el instinto causal está condicionado y es excitado por el sentimiento de miedo. El ¿por qué? debe dar, si es posible, no tanto la causa por ella misma cuanto, más bien, una especie de causa - una causa tranquilizante, liberadora, aliviadora - . El que quede establecido como causa algo ya conocido, vivido, inscrito en el recuerdo, es la primera consecuencia de esa necesidad. Lo nuevo, lo no vivido, lo extraño queda excluido como causa.
Se busca, por tanto, como causa, no sólo una especie de aclaraciones, sino una especie escogida y privilegiada de aclaraciones, aquéllas con las que de manera más rápida, más frecuente, queda eliminado el sentimiento de lo extraño, nuevo, no vivido - las aclaraciones más habituales - Consecuencia: una especie de posición de causas prepondera cada vez más, se concentra en un sistema y sobresale por fin como dominante, es decir, sencillamente excluyente de otras causas y aclaraciones.
El banquero piensa en seguida en el negocio, el cristiano, en el pecado, la muchacha, en su amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario