miércoles, 22 de octubre de 2008

Los Cuatro Grandes Errores... TRES - Parte III

El ámbito entero de la moral y la religión cae bajo este concepto de las causas imaginarias. Aclaración de los sentimientos generales desagradables.

Están condicionados por seres que nos son hostiles (espíritus malvados: el caso más famoso - la errónea intelección de las histéricas como brujas). Están condicionados por acciones que no pueden ser dadas por buenas (el sentimiento del pecado y de la pecaminosidad, imputado a un malestar fisiológico - la gente encuentra siempre razones de estar descontenta de sí misma).

Están condicionados como castigos, como expiación de algo que no deberíamos haber hecho, que no deberíamos haber sido (la moral aparece como lo que es, como una auténtica envenenadora y calumniadora de la vida: "todo gran dolor, sea corporal, sea espiritual, enuncia lo que merecemos; pues no nos podría sobrevenir si no lo mereciésemos".

El mundo como voluntad y representación. Están condicionados como consecuencias de acciones irreflexivas, que han salido mal ( los afectos, los sentidos, puestos como causa, como culpables; malestares fisiológicos interpretados, con ayuda de otros malestares, como merecidos). Aclaración de los sentimientos generales agradables.

Están condicionados por la confianza en Dios. Están condicionados por la consciencia de acciones buenas (la denominada buena conciencia, un estado fisiológico que a veces es tan semejante a una digestión feliz que se confunde con ella).

Están condicionados por el resultado feliz, de empresas - falacia ingenua: el resultado feliz de una empresa no le produce en modo alguno sentimientos generales agradables a un hipocondríaco o a un Pascal.

Están condicionados por la fe, la caridad, la esperanza - las virtudes cristianas - En verdad, todas estas presuntas aclaraciones son estados derivados y, por así decirlo, traducciones de sentimientos de placer o de displacer a un dialecto falso: se está en estado de esperar porque el sentimiento fisiológico básico vuelve a ser fuerte y rico; se confía en Dios porque el sentimiento de plenitud y de fuerza le proporciona a uno calma. La moral y la religión caen en su integridad bajo la psicología del error: en cada caso particular son confundidos la causa y el efecto; o la verdad es confundida con el efecto de lo creído como verdadero; o un estado de consciencia es confundido con la causalidad de ese estado.

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