DOS
Error de una causalidad falsa. -En todo tiempo se ha creído saber qué es una causa: mas ¿de dónde sacábamos nosotros nuestro saber, o, más exactamente, nuestra creencia de tener ese saber? Del ámbito de los famosos "hechos internos", ninguno de los cuales ha demostrado hasta ahora ser un hecho. Creíamos que, en el acto de la voluntad, nosotros mismos éramos causas; opinábamos que, al menos aquí, sorprendíamos en el acto a la causalidad. De igual modo, tampoco se ponía en duda que a todos los antecedentia de una acción, sus causas, había que buscarlos en la consciencia y que en ella los hallaríamos de nuevo si los buscábamos, como motivos de lo contrarío, en efecto, no habríamos "sido libres" para realizar la acción, responsables de ella.
Finalmente, ¿quién habría discutido que un pensamiento es "causado"?, ¿que el yo causa el pensamiento?... De estos tres hechos internos, con los que la causalidad parecía quedar garantizada, el primero y más convincente es el de la Voluntad como causa, la concepción de una consciencia (espíritu) como causa, y, más tarde, también la del yo (el sujeto) como causa nacieron simplemente después de que la voluntad había establecido ya la causalidad como dada, como una empiria...
Entre tanto hemos pensado mejor las cosas. Hoy no creemos ya una sola palabra de todo aquello. El mundo interno está lleno de fantasmas y de fuegos fatuos: la voluntad es uno de ellos. La voluntad no mueve ya nada, por consiguiente, tampoco aclara ya nada simplemente acompaña a los procesos, también puede faltar. El llamado motivo: otro error. Simplemente un fenómeno superficial de la consciencia, un accesorio del acto, que más bien encubre que representa los "antecedentia" de éste. ¡Y nada digamos del yo! Se ha convertido en una fábula, en una ficción, en un juego de palabras: ¡ha dejado totalmente de pensar, de sentir y de querer!...
¿Qué se sigue de aquí?... ¡No existen en modo alguno causas espirituales! ¡Toda la presunta "empiria" de las mismas se ha ido al diablo! ¡Esto es lo que se sigue de aquí! - y nosotros habíamos abusado gentilmente de aquella "empiria", habíamos creado, basándonos en ella, el mundo como un mundo de causas, como un mundo de voluntad, como un mundo de espíritus. La psicología más antigua y más prolongada actuaba aquí, no ha hecho ninguna otra cosa: todo acontecimiento era para ella un acto, todo acto, consecuencia de una voluntad, el mundo se convirtió para ella en una pluralidad de agentes, a todo acontecimiento se le imputó un agente (un "sujeto").
El hombre ha proyectado fuera de sí sus tres hechos internos, aquello en lo que él más firmemente creía, la voluntad, el espíritu, el yo, - el concepto de ser lo extrajo del concepto de yo, puso las "cosas" como existentes guiándose por su propia imagen, por su concepto del yo como causa. ¿Cómo puede extrañar que luego volviese a encontrar siempre en las cosas tan sólo aquello que él había escondido dentro de ellas? - La cosa misma, dicho una vez más, el concepto de cosa, mero reflejo de la creencia en el yo como causa... E incluso el átomo de ustedes, señores mecanicistas y físicos, ¡cuánto error, cuánta psicología rudimentaria perduran todavía en su átomo! - ¡Para no decir nada de la "cosa en sí", del "horrendum pudendum" de los metafísicos! ¡El error del espíritu como causa, confundido con la realidad! ¡Y convertido en medida de la realidad ¡Y denominado Dios!
1 comentario:
jajajaja esa lectura mewhace pensar aun masque antes que tenemos la tendencia a colocarfuerzas sobrenaturales y todopoderosas donde en realidad no las hay ... donde hay cosas mundanas a veces y algunas otrasno hay nadasolo para justificar poder creer en algo en una tercera "cosa" ajena a nosotros ...
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